lunes, 31 de octubre de 2011

Dulce Muerte


Este  es un cuento que huele a orines, a sudor rancio, a vaho de vómito, a muerte. Es una historia de un hombre que está muriendo solo, abandonado y sucio. Que es consciente de su vejez, de su podredumbre, y no pretende alargar su aliento más de lo necesario, aunque su cuerpo se niega a liberarle y le ata a un mundo que no cuenta con él.

Mira por la ventana y observa en su patio de vecinos grupos de pequeños fantasmas, cómicos, que corretean nerviosos de un lado a otro. Padres que a duras penas los siguen, sonrientes y dichosos. Han llamado a su puerta tres veces esta noche, y las tres no pudo llegar a tiempo. No tiene caramelos, pero le hubiese gustado ver las sonrisas ocultas de esos monstruos enanos. Se imagina que uno de ellos le llevase de la mano a descansar, a abandonar este cuerpo maloliente y descompuesto.

 El timbre le despierta de su sueño. Esta vez, los chantajistas que esperan tras la puerta son pacientes e insistentes. Decide levantarse a abrir y agarra un terrón de azúcar, la única golosina que tiene en casa. Tras la puerta, una primera decepción y una posterior sorpresa: una tostada mulata, esbelta y curvilínea, le mira divertida.
 
- Déjame pasar viejo, que tengo prisa. Esta noche tengo mucha competencia y no voy tan rápido como quisiera.
- ¿Quién eres, negra? – le interroga el viejo, sin poder impedir que se haya colado ya en su salón.
- ¿A quién esperas tu, cielo? Pues esa soy, cariño, me has llamado tantas veces y ahora te sorprendes de verme.
- No te esperaba así, tan… tan deseable  –el viejo sonríe ahora burlón.
-  ¿Pues como me esperabas, corazón? ¿Con una guadaña toda de negro? No estoy para bobadas. Lávate un poco y tiéndete en la cama, que ya voy.

El viejo obedece solícito. Se asea minuciosamente, se perfuma, y se viste con el único traje digno que conserva. No sabe cómo ponerse en la cama. Se estira sin más, con los brazos en paralelo y cierra los ojos. La mulata rompe en una sonora carcajada:
 - Cariño, se trata de desnudarse, no de vestirse de fiesta.

Pero continúa con su labor y se abalanza sobre el viejo, colocando sus caderas encima de su bragueta y frotando sus nalgas con estudiados movimientos. Al poco tiempo, desliza su mano por debajo y sigue meciéndose lenta y cadenciosamente, como en un arrullo, mientras el viejo cierra los ojos en un profundo sueño. Jamás me imaginé que fuera así, piensa, si lo llego a saber , la hubiese llamado antes. Hasta que el ritmo de las caderas se vuelve frenético, y él ya no puede ni pensar, se abandona al paroxismo y se va en un suave suspiro.

La negra se levanta de la cama y se asea rápida en el baño. Se viste con metódica eficacia. Tras la puerta, le espera aquella figura enlutada, equipada con una gran guadaña. Le alarga varios billetes.
-  Amor, ¿no estás un poco mayorcito para jugar a eso de truco o trato? Bueno, a mi me da igual. Adiós, ahí te deje a tu viejito. Llámame cuando quieras mientras pagues así.

Y la negra figura se aleja por el callejón, convertida en una sombra que apenas se percibe a los pocos metros.  Mientras, un anciano, vestido de domingo, yace en la cama con una amplia sonrisa esculpida en un rostro marmóreo.

4 comentarios:

A las 4 de noviembre de 2011, 17:10 , Blogger Garla Kat ha dicho...

Felicidades amigo, no ha tenido usted ningún problema en superar los 140 carácteres. Siempre es un gusto leerle, tanto a en su blog como en twitter. Un placer compartir letras con usted. Un abrazo.

 
A las 8 de noviembre de 2011, 13:35 , Blogger Narratuit ha dicho...

Muchas gracias, continuaremos explorando con mayor o menor éxito, pero quien no se arriesga no llega... Un abrazo

 
A las 10 de mayo de 2013, 22:13 , Blogger Jade Bueno Morales ha dicho...

Me encantado un placer leerle

 
A las 10 de mayo de 2013, 23:21 , Blogger Narratuit ha dicho...

El placer es mío, siempre es un elogio que te lean, y si encima gusta...

 

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